Empezamos la semana más temprano que de costumbre y a las 7:45 ya estamos todos reunidos en la estación. Cinco minutos más tarde cogemos el bus que nos llevará al colegio y, durante el trayecto, todos me cuentan lo emocionados y nerviosos que están por su primer día.
A las 8:20 llegamos a la escuela y Louise, una de las profesoras, nos da la bienvenida.

Antes de entrar en clase, nos reunimos en el comedor para que todos conozcan al que será su buddy durante las próximas semanas.
Un buddy es un alumno/a inglés que cumple la función de compañero o guía en el colegio. Se encarga de acompañar al nuevo estudiante durante las semanas del programa, ayudarle a orientarse en el centro, explicarle cómo funcionan las clases, presentarle a otros compañeros…
Desde el punto de vista académico, es muy útil para favorecer la adaptación de los nuevos estudiantes y ayudarles a sentirse más integrados.
Desde el punto de vista personal, como estudiante que también ha participado en este programa, os diré que va mucho más allá: tener un buddy suma muchísimo valor a la experiencia de estudiar en un colegio extranjero y, aunque dos semanas puedan parecer poco tiempo, te da la oportunidad de llevarte un amigo con el que reencontrarte en el futuro. Al menos, ¡así lo viví yo!
Después de que todo el grupo haya conocido a su buddy, este les hace un pequeño tour por el colegio y se van a su primera clase del día.
Aquí en Inglaterra, el horario escolar es diferente a España: las clases empiezan a las 8:20 y terminan a las 15:00, con una pausa de 45 minutos sobre las 13:15 para almorzar en el comedor.
Tras su primer día de clase, vuelvo a reunirme con ellos para que me cuenten cómo ha ido su mañana. La mayoría salen contentos, pero con una opinión común: ¡las clases les parecen más fáciles que en España! Es cierto que aquí los alumnos estudian el mismo temario que nosotros, pero lo hacen cuando ya son más mayores.
Así que Louise, que escucha atentamente sus opiniones, hace algunos cambios para que puedan ir a clase en años más avanzados. Además, busca nuevos buddies para aquellos que sienten que no han terminado de encajar con el suyo. Al final, la integración de los estudiantes es lo más importante para que puedan aprovechar al máximo estas semanas.
Después del primer día de escuela, quedamos con Jess para la actividad del día: deportes en el parque. Al llegar, hacemos un despliegue de material y todos se dividen para jugar a lo que más les apetece.


El jueves volveremos al parque para practicar más deportes, así que podrán echar las revanchas que queden pendientes hoy.


Al final, nos despedimos a la misma hora de siempre y todos volvemos a casa.
Arrancamos el martes igual de temprano y listos para el segundo día de escuela. Algunos, de hecho, con bastantes ganas de lucir el uniforme.

Al llegar nos encontramos con Louise, quien se encarga de reunir a todos los estudiantes con sus compañeros.
Cuando a las 15:00 vuelvo a reunirme con ellos, me cuentan lo contentos que han salido de clase. Quienes han cambiado de buddy aseguran que están más contentos ahora y, quienes han cambiado de curso, sienten que han aprovechado más la mañana.
Me cuentan que, además de las asignaturas que ya cursan en España, aquí prueban otras como teatro, fotografía o baile ¡y a todos les encantan!
Más tarde cogemos el bus para reunirnos con Jess y visitar The Infirmary Museum, un museo médico interactivo con historias, documentos, fotografías y equipamiento médico antiguo que busca reflejar cómo han cambiado el cuidado de la salud y la medicina con el paso del tiempo.


El grupo explora el museo y ponen a prueba sus habilidades médicas con algunos de los juegos interactivos.


La mayoría acaban la actividad de la manera que más les gusta: haciendo uso de la cafetería.

Para cuando terminan su chocolate caliente ya es hora de volver a casa. ¡Nos vemos el próximo día!