¡Buenas falimias! ¿Qué tal estáis?
¿Cómo están l@s chic@s? Seguro que súper contentos de haber vuelto a la rutina de las clases en Vigo 😂
¡Imagino que no echarán nada de menos hacer galletas en clase, jugar a las cartas, hacer manualidades, ver pelis, acariciar a Walt…😂!
Así que chic@s, para que no os olvidéis del todo de la súper experiencia que habéis vivido, os dejo aquí el último post, con los días y las aventuras que nos quedaban por relatar.
¡Vamos allá!
El jueves 6 de noviembre salimos prontito del cole para nuestra excursión a Dún Laoghaire y Forty Foot.

Dún Laoghaire, un encantador pueblo costero al sur de Dublín.

No pudimos tener más suerte con el día: hacía un sol precioso y el cielo estaba perfectamente despejado. Cogimos el autobús hasta la estación de Tara, en Dublín, y fue allí donde vivimos nuestra primera experiencia en tren por la ciudad. ¡Fue genial! En apenas una hora ya estábamos en Dún Laoghaire, disfrutando del paisaje costero.




Llegamos los primeros, así que aprovechamos para hacernos una foto en las letras gigantes del nombre del pueblo situadas en el puerto. Además, unos pajaritos monísimos se acercaron a nosotros y parecían querer hacerse nuestros amigos 😊.

Cuando el otro grupo llegó con nuestra guía Maxine, nos fuimos a tomar un helado a una de las heladerías típicas del lugar. ¡Qué rico! Los helados estaban increíbles y fue un momento perfecto para relajarnos y charlar.







Después, dimos un paseo por el puerto hasta llegar a Forty Foot. Nos contaron que es un lugar con mucha historia:
La tradición de nadar en Forty Foot se remonta al siglo XIX, cuando era un lugar de baño exclusivo para hombres que, además, se bañaban en pelotillas 🤭. En la década de 1970, las protestas de grupos feministas lograron abrir el acceso a mujeres y niños, y hoy todo el mundo puede disfrutarlo (de echo nosotros lo disfrutamos de lo lindo!). Su encanto está en su historia, en sus aguas profundas rodeadas de rocas doradas y en las vistas de la Bahía de Dublín, reconocida como Reserva de la Biosfera por la UNESCO.



Forty Foot también tiene un importante vínculo cultural, pues justo detrás se encuentra la Torre y Museo de James Joyce, uno de los escenarios más icónicos del Ulises y parada imprescindible para los amantes de la literatura.





Y cómo no, nosotros también quisimos probar el agua… así que nos lanzamos al famoso salto. El agua estaba súper calentita 😂.

Los primeros valientes fueron Eloy y Joel, que lo echaron a suertes y salió… dieron el salto sin dudarlo!. Los demás tampoco pudimos resistir la tentación: los seguimos de cabeza. No estaba previsto un chapuzón, pero acabamos viviendo esa experiencia —y la verdad es que fue una de las mejores de todo el viaje. Siempre recordaremos cómo nos tiramos en Forty Foot y volvimos a casa… ¡de comando!😂😂😂


Mientras la semana avanzaba, seguíamos con nuestras clases en St. Kevin’s, y además fuimos descubriendo algunos truquillos.


Cada botella de plástico que introducíamos en las máquinas de reciclaje nos daba dinero, así que nos pusimos manos a la obra y así, además de cuidar el medio ambiente, nos sacábamos un dinerito extra💶. Con las ganancias de nuestra buena acción, ¡nos compramos unas cuantas cartas Pokémon ! 😄
¡Viva el reciclaje♻️ ♻️!
El viernes 7 de noviembre tocó excursión con el cole, y esta vez nos llevaron al cementerio de Glasnevin, uno de los lugares con más historia de todo Dublín.

Es un cementerio enorme, casi como un barrio entero, y fue creado en 1832. Allí están enterradas más de 1,5 millones de personas, ¡más que habitantes tiene Dublín hoy en día! Entre ellas están algunos de los personajes más importantes de Irlanda: Daniel O’Connell (el “Libertador”), Michael Collins (héroe nacional), Charles Stewart Parnell, Éamon de Valera, etc. Además de miles de personas que murieron durante la Gran Hambruna, epidemias como el cólera o diferentes conflictos.

También nos contaron que en entierros súper importantes que tuvieron lugar allí se fraguó parte de la revolución irlandesa: líderes, rebeldes y figuras clave del Alzamiento de 1916 y de la Guerra de Independencia pasaron por Glasnevin.

Además, el cementerio tiene un museo lleno de historias curiosas, como que antes tenían que vigilarlo para evitar que robaran cuerpos y los vendieran en el mercado negro. En aquella época, los estudiantes de medicina necesitaban cadáveres para practicar, así que estaban súper demandados y había auténticos “cazadores de cuerpos” rondando de noche.


Durante nuestra visita al cementerio también tuvimos que refugiarnos un rato de la lluvia, y lo hicimos nada menos que en la cripta de Daniel O’Connell, el fundador del cementerio, lo cual le dio un toque todavía más “misterioso” al paseo. Allí nos contaron un montón de curiosidades, como el simbolismo de las torres redondas en Irlanda: en la antigüedad eran campanarios y servían de refugio para los monjes, y hoy se consideran un símbolo súper importante de la identidad irlandesa. Además, en la cripta descansan los restos de O’Connell y algunos de sus familiares, y justo al lado visitamos el mausoleo de O’Connell, que es impresionante por dentro y por fuera.

¡Un sitio muchísimo más interesante e intenso de lo que parece!

Y llegó el sábado y tuvimos otra excursión… ¡hahahaha! Esta vez fuimos a Glendalough, un valle glaciar al sur de Dublín, en el condado de Wicklow. Es famoso por su antiguo asentamiento monástico: fue fundado en el siglo VI por San Kevin, y con el tiempo se convirtió en una auténtica “ciudad monástica”.


Como todos los sábados quedamos con nuestra guía y el otro grupo en el parking del hotel cerca de la escuela, y sobre las 10 h nos recogió el autobús para llevarnos a Glendalough. ¡Volvimos a tener mucha suerte porque el día estaba perfecto para hacer senderismo! El valle otoñal estaba lleno de color y paisajes de postal, con esos lagos misteriosos y las colinas verdes. Nos encantó.






Al terminar la ruta, visitamos la cascada, el lago y las ruinas del asentamiento monástico: pasamos por la puerta de entrada del monasterio (“Gateway”), por la catedral, por la casa del sacerdote (Priest’s House), la torre redonda de casi 30 metro y otros edificios como la iglesia de San Kevin.

Al acabar, algunos de nosotros decidimos volver directamente a Dublín, pero los que se animaron nos fuimos a Bray, un pueblito costero super pintoresco. Bray tiene un paseo marítimo precioso con casitas victorianas y una playa muy tranquila.

El autobús nos dejó en Bray y allí nos dimos un último paseo por la orilla del mar. Nos acompañó María (nuestra monitora) y volvimos todos juntos a la ciudad.
El domingo 9 de noviembre tuvimos día libre, y cada uno aprovechó para hacer lo que más le apeteció. Algunos aprovecharon para pasear por Dublín, otros para comprar recuerdos y otros simplemente disfrutaron de un rato de relax. ¡Un día perfecto para recargar energías!

El lunes 10 de noviembre tocaba Escape Room. Nos enfrentamos a todo tipo de acertijos y pruebas, ¡y conseguimos resolver el enigma en un tiempo récord! Salimos como unos auténticos campeones 🏆.

Y llegó el martes 11 de noviembre, nuestro último día en Dublín… ¡qué penita nos daba! 😢 Por la mañana tuvimos nuestras últimas clases en St. Kevin’s, nos despedimos de nuestros compis irlandeses y nos hicimos una foto de despedida con todos los chicos y chicas que compartieron clase con nosotros durante la estancia en el colegio.

Por la tarde, Dona nos tenía preparado algo muy especial: ¡el parque de colchonetas! 🎉 Nos pusimos supercontentos al saber que la última actividad era saltar y saltar… ¡nos encantan estas cosas!



Además, nos entregaron nuestros súper diplomas 🎓 que certificaban nuestra participación en el programa y nuestra asistencia al cole.

Al terminar de saltar, nos fuimos todos a casa a darnos una ducha, acabar de hacer la maleta y prepararnos para nuestra última noche en Dublín. Terminamos el día con una cena en el centro de la ciudad, ¡y fue genial, nos reímos mucho y nos lo pasamos fenomenal!

Y ya estamos llegando al final… el miércoles 12 de noviembre fue nuestra vuelta a casa ✈️.
Nos dimos un poco de madrugón (a las 6 de la mañana estábamos todos esperando el autobús para ir al aeropuerto), pero la verdad es que todo fue fenomenal.

Facturamos sin problemas (¡todos tuvimos el peso perfecto en nuestra maleta!) y pasamos los controles como auténticos profesionales 😎.

El vuelo llegó a la hora, volamos desde Dublín a Porto, donde nos estaba esperando el autobús para llevarnos a Vigo… y bueno, el resto ya lo sabéis 😄.

¡Muchas gracias a tod@s!
Ha sido una experiencia maravillosa, súper divertida e inolvidable.
¡Hasta siempre, chic@s! 👋✨












































¡Y llegó el miércoles, y con él nuestra súper actividad de danza irlandesa! 😄🎶

















































