¡Buenos días desde Vigo, tomatitos 🍅!
Hoy os escribo a vosotros y vosotras, y espero que las familias me perdonen por ello pero creo que, como decía mi fiel lectora Beatriz, este blog merecía una última canción, y aquí vengo a cantárosla.
Hoy os canto a vosotros, a todos los momentos compartidos y a la vida que se resetea de nuevo con nuestra llegada a Vigo. Vosotros, que detrás del telón habéis ido leyendo este blog con ilusión, como resumen de todos nuestros días por UK y habéis hecho que todo esto tuviese sentido, llenando de anécdotas nuestros días.
Estuve riéndome mucho del clima en Inglaterra, a veces incluso gafándolo, ¿recordáis el vendaval? ¿las lluvias torrenciales?
Pues bien, después de tres semanas presumiendo del sol, cruzando los dedos para no invocar al invierno y vacilando de famas injustificadas… volvemos a Vigo y me encuentro con un problemita. En mi habitación el parte meteorológico muestra cielos nublados (u ojos borrosos) y lluvias (o lloreras) ocasionales. Parece que el frente se ha extendido por alguna que otra casa de Vigo, donde me consta que las condiciones meteorológicas empeoraron con nuestra llegada a Vialia.
Y no me gusta mucho que sea así, aunque lo entiendo. No me gusta porque cuando os imagino 🍅, os visualizo como un sol radiante, un día de primavera calentito lleno de flores, cada una de un color diferente, rosas, tulipanes, lirios, claveles… Cada uno de vosotros es único e irrepetible y brilla de una manera distinta.
Y aunque hoy estemos un poco nublados, quería agradeceros todos estos días de sol. Y es que, desde que llegamos, no paro de pensar en lo mucho que ya os echo de menos.
Echo de menos levantarme con el móvil sonando por alguna que otra incidencia nueva. Hoy no he tenido que madrugar para coger ningún taxi, ¡pero que rabia! porque ahora no voy a cotillear de camino a Luton con mis chicas. Hoy no vamos a reflexionar sobre la vida ni intentaremos salvar el mundo juntas.
Hoy no voy de camino al cole. No recibo 20 abrazos de buenos días, no hay line up, ni siquiera hay miradas de complicidad.
Hoy mi móvil no vibra por un ataque de tomates. No hay adolescentes revolucionando mi vida. Lo que me quedan son los recuerdos, de tres semanas maravillosas a vuestro lado.
Recuerdos de Mateo explicándome lo mal que hablaba español la profe, de Sofía en la sala del pediatra, del paseíto con Iria hacia el McDonal’s el viernes, de Rodri y Manu enseñándome su pasado influencer y de Adri mandándome fotos guiño, guiño después de cada excursión. De los cotilleos en la clase de francés con Ms Abbott, del último McDonald’s del viernes, hablando de las familias y de todo lo vivido, del abrazo a Aldara en el pasillo del colegio y de la ilusión de Anahí jugando al hockey.
Hoy recuerdo los break y recuerdo a Iris, Leia y mis gemelas favoritas, siempre abrazadas. Me acuerdo del dibujo de Álex, Lola y Martina, aunque no sea para todos los públicos 😲, aunque me gusta más recordar a Martina sonriendo feliz con su glitter dumpling, a Lola resplandeciente después de darle una segunda oportunidad a Bedford, y a Álex siempre bromeando.
Me acuerdo de los ataques que empezó Mateo, del autocliker de Sebas y de los ataques colectivos de las casas de Mario, Álex y Santi, y Valeria, Aldara, Sofi, Anahí, Marta y Daniela.
Me acordaré siempre de la paciencia de Marta aquel día en la estación de Luton. De cómo regresamos siempre después de cada pequeña crisis, los kinder bueno de Adri y Lara.
Me acuerdo de la caída de Manu en el aeropuerto de vuelta. A cámara lenta, como nos hubiese gustado revivir todos estos días de nuevo.
Pero si algo caracteriza esta experiencia es su intensidad, y es que estas tres semanas dan para mucho y para poco.
Pero si alguien ha hecho que realmente todo mereciera la pena fue Daniela, que nos demostró como se vive la integración real.
Me acuerdo de cada una de las parejitas creadas y por crear, detalles no puedo dar, porque me leen los papis, pero espero de todo corazón que os vaya súper súper bien.
Me acuerdo de las mil y una cosas que se perdieron en Reino Unido y, sobre todo, de todas las que se ganaron.
Porque sí, hemos perdido cosas. Alguna que otra cartera, un chaquetón, la cuenta de las visitas al McDonald’s y, probablemente, unas cuantas neuronas por el camino con tanta caída. Pero también hemos ganado muchísimas otras:experiencias, amistades, confianza, independencia, anécdotas que nos acompañarán durante años y una colección de recuerdos que, estoy segura, seguirá creciendo con experiencias similares a lo largo de vuestra vida.
Estoy muy contenta y orgullosa de haberos podido acompañar en este camino.
Gracias por confiar en mí, por hacerme siempre sentir escuchada, y por hacerme escuchar. Gracias por integrarme en cada cotilleo, por compartir conmigo crisis y alegrías, dudas y anécdotas. Gracias por dejarme estar ahí cuando lo necesitabais y también por aceptar los límites que os ponía desde el cariño. Gracias por recordarme de todo lo que soy capaz, incluso en esos días en los que realmente pareciera que los astros se alineaban para que mi sueldo realmente mereciera la pena.
No sé si sois conscientes de lo bonito que es sentirse así de acompañada mientras una intenta acompañar a los demás. Yo también he aprendido mucho durante este viaje, y una parte de ese aprendizaje me la llevo gracias a vosotros.
Tengo mil millones de fotos de estos días, algunas que jamás podrían subirse a este blog y otras que subiría con todo el cariño, como estas:

Pero si hay una imagen que realmente creo que representa nuestra experiencia mejor que ninguna otra, es la foto con el castillo de Bedford.

Me hace mucha gracia pensar que, después de visitar Londres, conocer dos ciudades, recorrer museos, descubrir lugares nuevos y ver monumentos de todo tipo, una de las imágenes que mejor representa nuestro viaje sea precisamente esa. Porque, al final, lo importante nunca fue el sitio, ni el destino, ni la ciudad, ni los grandes monumentos. Lo importante fueron las personas con las que compartimos todo aquello.
El castillo podía no estar, pero nosotros sí.
Me encanta ver el optimismo en vuestras caras en esa foto. En aquel momento nadie veía el castillo, pero no dudasteis un segundo en posar felices juntos.
Y ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que lo más bonito de estas tres semanas no está en la lista de lugares que hemos visitado, sino en todos esos pequeños momentos que fuimos construyendo casi sin darnos cuenta. En las conversaciones que empezaban con un «Rosalía, no te vas a creer lo que ha pasado», en las risas y en los abrazos.
Y aunque hoy me cueste despedirme, sé que lo hemos vivido al máximo y eso me hace INMENSAMENTE FELIZ.
Os echo ya de menos tomatitos.
Me ha encantado conoceros,
Muchas gracias,
Nos vemos pronto,
Rosalía