El fin de semana nos ha regalado paisajes de auténtica postal. El sábado pusimos rumbo a Glendalough, un valle glaciar que parece sacado de una película. Nada más llegar, de camino al parque, entendimos a la perfección por qué llaman a Irlanda la isla esmeralda: los campos brillan con un tono verde tan intenso que maravillaría a Lorca .

Ya en el parque natural, disfrutamos de una caminata revitalizante plagada de árboles centenarios… y fentos! Sí, aquí también hay un montón! Además, descubrimos el gran lago y unas fascinantes ruinas monásticas que son un punto de peregrinaje en Irlanda. Además de los restos de la antigua catedral, nos llamó especialmente la atención una gran torre redonda, era como la de Rapunzel ya que sólo se podía acceder a su interior trepando por una larga trenza o utilizando una una escalera de quita y pon para protegerse de los ataques enemigos!

El domingo tocó jornada de descanso y disfrute en familia. Muchos aprovecharon el día libre para visitar Phoenix Park, unos de los parques urbanos más grandes de Europa, y tuvieron la suerte de cruzarse con un montón de ciervos campando a sus anchas.

Hoy lunes, volvemos a la rutina escolar… ¡Pero con sorpresa en forma de ritmo! Por la tarde hemos tenido nuestra primera clase de baile irlandés. Entre algún que otro pisotón y muchas risas, nos hemos defendido de maravilla. ¡A este paso, con un par de ensayos más, nos convertimos en los reyes absolutos de la pista!
