Llegó el momento de cerrar las maletas… y qué maletas! Entre regalos para que los que están en España se lleven un trocito de esta aventura, y alguno que otro que decidió meter literalmente medio Boots en el equipaje, la operación cierre de cremallera ha sido todo un reto. De hecho, más de uno ha tenido que recurrir a la clásica táctica de emergencia de ponerse tres capas de ropa encima para esquivar el sobrepeso.

Por suerte, los controles del aeropuerto han sido de lo más amables y ningún “cancerbero” nos ha puesto pegas para subir al avión.
Hacemos este viaje de regreso con los ojos cansados, pero con tantas vivencias en la cabeza que no nos van a llegar las horas para contarlo todo. Sentimientos muy encontrados: por un lado, las ganas locas de abrazar a los nuestros; por el otro, la morriña de dejar atrás una rutina que ya sentíamos como propia.
Mirando atrás, es increíble ver cómo los chicuelines han crecido personal y colectivamente en estas semanas. Han superado retos, se han adaptado a otra cultura y se llevan una experiencia absolutamente inolvidable.
Si me lo permitís, en lo personal, solo puedo dar las gracias. Los chicos con los que he viajado son sencillamente fabulosos. Ha sido un auténtico privilegio poder compartir este camino con ellos que solo el principio de muchísimas cosas bonitas que les quedan por vivir.
Solo me queda decir:
“Please, when you get home, react to this message🏡😊”
…
“Kindly remind.”
¡Nos vemos por Vigo!

