Dublin: Malahide Castle & Gardens.

¡Hola, familias!

Hoy os traemos la última excursión del finde y aún tenemos la sonrisa pegada: nos fuimos a Malahide, ese pueblito costero al norte de Dublín que combina castillo de cuento, jardines infinitos y brisa marinera de ese que nos despierta la “morriña”. Tren, risas, ventanilla y… en un suspiro estábamos pisando costa.

 

 

Nada más llegar empezamos con las ruinas de Malahide Abbey, escondidas entre árboles, con ese silencio que te pide bajar la voz sin que nadie te lo diga. Lo que se ve hoy son los restos de una antigua parroquia medieval (siglos XII–XIII, nos contó el guía), con muros y arcos que sobrevivieron a reformas, guerras y cambios de época. Entre las lápidas y las piedras gastadas se intuye la vida del pueblo: rezos, mercadillos alrededor del atrio y generaciones entrando y saliendo para celebrar y despedir. Un sitio sobrecogedor; y qué menos que plasmarlo en unas cuantas fotos, ¿verdad?

 

De ahí, directos al plato fuerte: Malahide Castle & Gardens. Primera impresión: “wow”, así, sin filtro. El castillo nació como fortificación anglo-normanda y la familia Talbot lo habitó durante casi ocho siglos (¡casi nada! 😅). Eso significa que, al pasear por sus salas, verías capas de tiempo: madera oscura del XVII, papel pintado del XIX y guiños del XX conviviendo sin pelearse. Digo “verías” porque esta vez no pudimos entrar, pero nuestro guía nos pintó la historia tan bien que casi estábamos dentro. Aun así, por fuera es una auténtica pasada. Deberían colgar la bandera de Vigo ahí arriba, porque nosotros sí que nos estamos comiendo el mundo. 😎

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después caminamos por los jardines, enormes y preciosos. “Fun fact”: además del gran prado para correr, Malahide guarda un jardín amurallado con un montón de plantas “viajeras”, muchas introducidas a lo largo del siglo XX por los Talbot, así que pasas de la vegetación más atlántica a rincones casi tropicales sin moverte de Dublín. Entre sombra y sombra, aprovechamos para tomarnos un par de fotos (vale, unas cuantas 😜).

 

 

 

Por la parte posterior nos topamos con una puerta con rastrillo (portcullis) flanqueada por dos figuras de caballeros: pose de corte real y fotito obligatoria. Y, como en todo buen castillo irlandés, no faltó la leyenda: aquí se habla del espíritu de “Puck”, un bufón/guardia que, dicen, se deja ver en fotos de vez en cuando. ¿Salió en alguna de las nuestras? Abrid bien los ojos, familias. 👻

 

Los jardines son otro mundo. Además del gran prado para correr, Malahide guarda un jardín amurallado con plantas “viajeras” muchas introducidas en el siglo XX por un lord Talbot muy amante de las plantas, así que vas pasando de vegetación autóctona a casi tropicales sin moverte de Dublín.

 

 

Fun fact del día

Existe un trenecito turístico que recorre pueblo–marina–castillo; esta vez no nos subimos, pero queda apuntado porque es perfecto para ahorrar pasos cuando las piernas protestan. Aun así, nosotros preferimos camino largo: bancos, sombras y fotos en cada esquina (sí, sí… el moni nos “animó” a andar; nosotros queríamos trenecito, pero bueno… ¡es lo que toca! 😜).

Salimos rumbo al mar y nos recibió la Malahide más costera: paseo marítimo, veleros que entran y salen, cafés con pintaza y ese olor a sal que pone de buen humor hasta a los lunes. En una de las paradas nos cruzamos con una sirena que aprovechamos para foto y mini lección flash: en la costa irlandesa son típicas las leyendas de selkies (focas que se transforman en personas).

 

Seguimos camino, parando aquí y allá para capturar el sol jugando con el agua; a más de uno le pudo la morriña recordando las playas de Vigo, pero poco nos duró: AAJJAJAAJJJA ¡a seguir!

 

Terminamos en la zona de playa, subimos a un punto alto y nos marcamos foto triunfal con el mar a los pies y el viento haciéndonos de peluquero. Parada técnica para respirar, comentar el día y dejar que las piernas agradecieran el paseo: de esos momentos simples que, por algún motivo, se te quedan.

 

 

Cuando tocó volver, dimos las gracias bien fuertes a nuestro guía de domingos, que nos hace la vida más fácil y la historia más divertida. Tren de regreso, cabeceo feliz y ese cansancio bueno que solo dan los días redondos.

 

Y poquito más: colorín colorado, esta excursión ha terminado… pero no os preocupéis, que aún nos quedan varias aventuras más que contaros.

¡Hasta el próximo blog! 🙌💙

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Derick Suleman Koma

10 pensamientos en “Dublin: Malahide Castle & Gardens.

    • ¡Hola Rosa Mary! ☺️
      Sí, el lugar es una maravilla y lo pasamos en grande. Muchas gracias a ti por seguirnos y por tus palabras, me alegra que lo disfrutes tanto como nosotros. ¡Un abrazo grande!

    • ¡Gracias, Merce! 😊 La verdad es que sí, fue un día redondo y lleno de momentos especiales Un placer poder compartirlo y que lo disfrutéis también desde casa.

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