Todo empieza en el Mar de Vigo muy temprano y maleta en mano. Después de despedirnos de las familias y revisar por sexta vez que el pasaporte estaba en el bolsillo, salimos rumbo a Porto.

Una vez en el aeropuerto solo nos quedaba esperar a nuestro avión. Lo que aún no sabíamos era la aventura que nos esperaba por delante. Lo que podemos asegurar es que pusimos a prueba nuestro conocimiento de inglés desde antes de poner un pie en Irlanda.

Nuestro vuelo tomó un pequeño desvío hacia Londres gracias a una tal Amy (dicen que es una tormenta), así que podemos decir que somos el único grupo que fue a Reino Unido sin la visa ;). Después hacer amigos en el avión durante el tiempo de espera, pudimos aterrizar en Dublín sin problemas. La tripulación nos agradeció por ser unos pasajeros maravillosos y ya en el aeropuerto conocimos a las que van a ser nuestras familias durante las próximas tres semanas.

Las primeras impresiones con las familias fueron muy positivas, por algo los irlandeses tienen fama de ser amigables y hospitalarios. El sábado fue día libre así que hasta el domingo no volvimos a vernos como grupo.
Ya el domingo por la mañana nos reunimos en the spire, para ponernos al día y contarnos las aventuras del día anterior. Entre tiendas, comida y buses todo era nuevo. Pero también todo eran sonrisas por lo que se puede decir que la experiencia está siendo todo un éxito.
En el punto de encuentro conocimos a nuestro guía, que también es profesor de Educación Física en el colegio al que vamos a ir durante la semana. Aprovechamos la mañana para ver un par de tiendas y más de uno se compró un regalo para sí mismo y para la familia. Dicen que Irlanda es un país caro, pero los descuentos que tienen las zapatillas de deporte son irresistibles.

Una vez dejamos las tiendas atrás, nos centramos más en la parte histórica de la ciudad. Cruzamos el río Liffey dirección Temple Bar, esa icónica calle llena de pubs irlandeses con música en directo. Seguimos nuestro paseo hacia Trinity College, pasando por el Parlamento de Irlanda. Una vez cruzamos el campus universitario lleno de zonas verdes y edificios emblemáticos nos dirigimos a Stephens Green para el almuerzo.



Sin duda algo que nos llevó por sorpresa es escuchar mucho español por la calle. Supongo que no somos los únicos que vienen a Dublín a aprender inglés (seguro que le copiaron la idea a los de Vigo).
Después de la comida tuvimos tiempo libre para recorrer el parque y visitar alguna que otra tienda y para finalizar el día fuimos a la National Gallery of Ireland para ver si alguno recordaba lo que le enseñaron sus profes de historia del instituto. Ya empapados de cultura, fuimos a la parada de bus para terminar la excursión y poder llegar a tiempo a la rica cena que nos esperaba en casa. ¡No hay que olvidar que mañana es nuestro primer día de clases full en inglés!

