¡¡¡Hola, hola!!!
Después de tantos días de clases, actividades, excursiones y aventuras, el domingo tocaba cambiar un poco de aires y poner rumbo a Hereford. Un día perfecto para pasear, descubrir la ciudad y, sobre todo, disfrutar de un domingo tranquilo en grupo antes de afrontar la última semana.
Los chicos aprovecharon el día para pasear por las calles, entrar en tiendas, y, cómo no, hacer alguna que otra parada para comer algo. Entre risas, comida y alguna compra, el día pasó volando. Y aunque todavía nadie quería decirlo demasiado alto, todos empezábamos a ser conscientes de que quedaban muy poquitos días para volver a casa.




Entonces, llegó el último lunes de clase. Y es que este no era un lunes cualquiera. Los chicos ya no estaban únicamente pensando en las actividades del día, estaban empezando a asumir que tocaba despedirse.
Después de tantos días compartiendo clases, risas y momentos con los compañeros del colegio, muchos habían creado amistades que, sinceramente, nadie esperaba que fueran a ser tan importantes en tan poco tiempo. Y eso hizo que las despedidas fueran especialmente emocionantes.


Y creo que ahí está una de las partes más bonitas de estos intercambios, que vuelves con personas que antes no conocías y que, en apenas unas semanas, han conseguido hacerse un huequito.
Pero bueno… mañana habrán más emociones.
Ale:)