¡Hola familias y londonderrys!
Última vez deportando desde Derry; cuando se publique este post ya estaremos de vuelta a Vigo, espero que en el bus y no en el avión aún, jajaj.
En esta última entrada os contaré a los padres cómo fue en nuestra excursión de ayer a Giant’s Causeway y aprovecharé para despedirme de mis pequeños al final (eso no hace falta que lo leáis las familias jajaja).
El domingo por la mañana cogimos el autobús en el Guildhall; definitivamente será uno de los lugares que primero se nos vendrá a la cabeza cuando recordemos este viaje sí o sí, y pusimos rumbo a la reserva natural. Os adelanto que esta vez lo teníamos todo de nuestra parte: no llovía y Emmett sería nuestro guía (un saludo a Lockie, siempre te recordaremos por tus “coffee shops” y tu bolsa del “Boots”).
Nuestra primera parada fue en el mirador The Wishing Arch, al lado del castillo de Dunluce, donde, además de ver vaquiñas pastando tan panchas, tuvimos vistas a unos acantilados increíbles.


Después llegamos a Giant’s Causeway y comenzamos nuestra ruta hasta las columnas de basalto, que por cierto están declaradas Patrimonio de la Humanidad, porque, como habréis podido observar si os pasaron alguna foto, las rocas tienen esa forma tan peculiar debido a un enfriamiento rápido de la lava de hace unos 60 millones de años. Un sitio muy chulo, pero hay que tener mucho cuidado por donde pisas; en más de un momento, temí que nos volviéramos con un tobillo roto.


Los chicos sacaron su lado más explorador y decidieron escalar hasta el pico más alto. Jorge y algunos más querían subir a la cima de la montaña que está justo delante, pero eso no estaba incluido en el itinerario jajaja. Tras muchas fotos, decidimos sentarnos a tomar el lunch, allí en las rocas, haciendo equilibrios, ¿por qué no?


Nuestra siguiente parada fue Portrush, un pueblo costero donde había un pequeño parque de atracciones en el muelle al lado del mar, sí, sí como en las películas. Los chicos lo pasaron genial, se subieron a las atracciones y después algunos aprovechamos para dar un paseo por la playa, otros para tomar algo o simplemente dar una vuelta por las tiendas.



Finalmente, volvimos al bus y tuvimos el que sería nuestro último viaje con el famoso altavoz de Asier (en el fondo voy a echar de menos escucharos cantar). Cuando llegamos, fue momento de despedida para Alonso y Alicia, que, aunque no llegasen con nosotros, nos han acompañado a todos los planes y ya son parte del grupo también, y bueno, alguna que otra lagrimilla cayó.
Después, algunos aprovecharon para ir a hacer compras de último minuto (literalmente porque las tiendas estaban a punto de cerrar), y después, cada mochuelo a su olivo, que hay que preparar maletas y descansar, que mañana nos espera un día muyyy largo.
Atención, ahora me voy a poner un poco ñoña, puede que mañana también, pero únicamente cuando lleguemos a Vigo; mientras tanto estaré atacada de los nervios y puede que me ponga modo mandona.
A mis queridos londonderrys:
Aunque a veces me lleven los demonios porque os gusta jugar con mi paciencia, que sepáis que yo también he disfrutado mucho de esta experiencia y me llevo un pedacito de cada uno de vosotros conmigo.
He grabado audios echandoos la bronca pero también me he reído con las anécdotas de Samu y Xoel en el cole, con Alba diciendo siempre “tengo hambre” y buscando más sal para sus patatas, con Alicia hablando con acento colombiano, con Paula y Lara buscando en el mapa la casa de su host, con Adriana y Aroa riéndose de Pedro por sus compras compulsivas de chico místico, las ocurrencias de Edu y su misterioso pie, con Xiana ejerciendo de madre con Samuel y Xoel, con Blanca y Hugo volviendo en el bus, Asier contándome lo famoso que es en el cole, Martina con su cara de pilla, Jorge siendo el fotógrafo oficial y su frase célebre “vamos en mula”; Sofía siendo siempre la líder del grupo y dándolo todo cantando en el autobús, con Anxo y Brais con su éxito en el amor y sus “Teacher ¿esto a qué hora acaba?” y mis conversaciones con Cata.
Hemos roto maletas, perdido buses y objetos importantes (todo recuperado padres), grabado muchos TikToks, hemos sido nuestros propios guías, nos hemos echado las cartas, cantado en el karaoke, nos hemos enfadado, nos hemos enamorado, hemos conocido a la alcaldesa, también a Michael Jackson, caminado mucho bajo la lluvia, aprendido a bailar el baile típico irlandés, arrasado con el Tesco y el Apache, nos hemos hecho amigos de los trabajadores del Guildhall y muchas cosas más que han hecho de este viaje toda una aventura.
Pese a las distintas personalidades que hay en el grupo, hemos acabado siendo una familia y, aunque no quiera decir que sois como mis hijos, porque ya bastante mayor me hacéis sentir a veces, en verdad sí; sois mis niños, unos chicos estupendos y de corazón espero que os vaya todo bien y recordéis con cariño este viaje, que yo creo que sí.
Ha sido un placer ser vuestra monitora y, aunque el año que viene vuelva con otro grupo, de vosotros siempre me acordaré por ser mis primeros. Gracias.
¡Ahora os toca a vosotros mantenerme informada a mí!
Con cariño,
Ruth 😉